Pasar de cuartos es maravilloso, una maldición rota, una frontera hasta ahora inexpugnable que se ha cruzado con la frente bien alta… pero nada más.
De lo que leo y oigo deduzco que todo el mundo da por hechas dos cosas:
Hay que matizar ambas.
Rusia no es favorita, por supuesto, pero tiene cositas muy peligrosas. Pavlyuchenco y Arshavin, por ejemplo. El otro día veíamos el partido contra Holanda con un compadre de vacaciones y le hice algún comentario sobre el pequeño ruso de las caras raras antes de empezar. Me miró incrédulo y creyó que Holanda se los iba a merendar. Era fácil cometer ese error, pero es un error al fin y al cabo.
En cuanto a lo de ganar o perder la final, España puede ganarla de forma sobrada. Una de las bendiciones del sistema del abuelo es que si falla un cerebrito de los del centro del campo (como tantas veces ocurre) te quedan dos más para echar el resto (Silva, contra Italia).
En la selección siempre ha habido calidad de sobras, pero ha faltado sangre. Ahora algo de eso vamos teniendo.
Asín pues, si bien es cierto que llegar a la final ya sería un logro acojonante, no es menos cierto que España está capacitada para ir de tú a tú a quien sea su rival, pero es que antes hay un partido nada vacuo contra un equipo lleno de jugadores de recursos, que quizá pueda confundir a alguien por aquella imagen pobre del primer partido.
Por otra parte, el partido de hoy entre Alemania y Turquía tiene miga. El seleccionador turco, que sólo cuenta con 10 jugadores de campo y 3 porteros, ha dicho que alineará si es preciso a los porteros como jugadores (¿recuerdan a Molina?). Yo eso no me lo pierdo.
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